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Stranger Things - Temporada 3

Un nuevo monstruo amenaza a la pequeña comunidad de Hawkins: el pavo. En la temporada 3, que por desgracia no es la última, se le da a los seguidores más acérrimos todo lo que deseaban desde que salvaron a Will: Joyce se lía con el policía y la pija hermana de Will con el hijo autista de Joyce. La pequeña trama de estos dos es innecesaria y solo está justificada su aparición por continuar el rácord de las anteriores entregas.

Si al principio, tomando el pulso de los tiempos, el enemigo era el propio estado americano, que conspira en contra de sus ciudadanos,esta temporada sigue el sentir de la época en la que está ambientada y coloca a los rusos como enemigos, al igual que hizo Rocky, Rambo y demás alter egos de Stallone.

En esta ocasión los soviéticos no se han conformado con enviar a los USA a un boxeador peliteñido sino que han construido todo un complejo científico bajo el centro comercial del pueblo, en una bofetada a la CIA y al FBI que todavía dolería hoy día de haber ocurrido realmente. Y no solo eso, han metido en sus lóbregos pasillos a todo el ejército rojo, AK-47 incluidos, porque para qué le vas a dar dinero al cerdo capitalista comprándole sus propias armas sin levantar sospechas cuando puedes introducir un cargamento de armas soviéticas por el puerto de Baltimore.

Ahora es cuando digo que hace un año que vi la serie y ya no me acuerdo de nada. Es un clásico de este blog y como tal, totalmente cierto. Sí que tengo presente sendos homenajes a "La invasión de los ultracuerpos", con un "azotamentes" que posee primero a ratas y luego a personas, y a "Evil Dead" en una cabaña. Pero hasta ahí llegan mis recuerdos.

Lo que no se ha borrado de mi frágil memoria es la sensación de estar ante una temporada ridícula, cuya absurdez estalla en la escena del último capítulo donde el chaval desdentado y su novia repipi cantan a dúo el tema principal de "La historia interminable" a través de un aparato de radioaficionado que ríete tú de la NASA. Se nota que los niños americanos estaban más avanzados, creando complejas máquinas de comunicaciones mientras los chavales de aquí esquivaban jeringuillas en los descampados.

La trama es más o menos así: el tiempo ha pasado en Hawkins y la modernidad ha llegado en forma de centro comercial donde acuden los chavales a buscar quien les rasque los picores. Al único al que no le pica nada es a Will, que o bien es un friki de cuidado o bien tiene una puntita de posesión metida dentro, no estoy seguro. Esto es motivo de discordia y por eso la pandilla se separa. Igual en la vida real no se hablan. Estos actores ya se sabe...

Como he dicho, los soviéticos intentan abrir una puerta al "otro lado" desde los sótanos del "mall" y se escapa de allí otro monstruo más, que se ve que aquello está tan vacío como el Parque del Retiro un sábado noche. El bicho este, que ha vuelto pero en forma de espíritu, intenta crearse un cuerpo to chulo, sin pasar por los batidos de proteína de rigor, con la sola idea de cargarse a Will porque le tiene tirria. Es el primero en sobrevivir al otro lado y eso es malo para el negocio.

Al final le derrotan, los soviéticos son apresados, muere algún personaje secundario y el policía, que no me acordaba, porque ya en escena poscréditos se ve que se ha teletransportado a la Soviet Russia. La "pena" ha durado menos que un Cartier junto a Joyce.

Este hecho apunta de formar más que clara a una cuarta, y espero, que última temporada. Es curioso porque tras el discordante episodio de la segunda temporada, aburrido como un capítulo de Friends protagonizado por Chandler, en el que Once encontraba a sus "hermanas", pensé que iban a seguir esa vía para esta tercera, pero se ve que se desechó la idea en los despachos. Y con buen criterio, porque ahí está los "Nuevos mutantes" hundiendo para siempre a los XMen de la Fox. 

Ah, sale una niña totalmente repelente y la hija de Uma Thurman, que ha heredado la belleza perturbadora de su madre. Temporada solo recomendable para los que tengan a Winona Ryder como su musa erótica, que son más de los que pensáis. 

Stranger Things



Con un poco de retraso, y ante la perspectiva de una semana de cama y TV, vi al fin Stranger Things.

Si hasta ahora no le había dado una oportunidad, había sido por la legión de admiradores que asaltaron las redes sociales alabándola, en especial su ambientación ochentera. Y es por ello que no deja de sorprenderme que esta sea un simple envoltorio. La historia hubiera funcionado igual de bien en cualquier otra década a partir de los 50, a cuyos films de ciencia ficción de serie B recuerda a veces, por cierto.

Y no solo a los pioneros de la fantasía de la posguerra. Stranger Things es una mezcolanza de referencias, homenajes, guiños y copias descaradas de planos de películas como Los Goonies, ET, Alien e incluso Twin Peaks; eso sí, perfectamente integradas en la trama, como el mecanismo de un reloj. Conmino a todos los espectadores a que jueguen a apuntar todas las películas y series que se referencian.

La historia gira en torno a la desaparición de ¿Billy? No recuerdo su nombre porque sale poco, obviamente, cuando vuelve a casa tras una jornada jugando a rol con los amigos. En la carretera se cruza con alguien o algo que le persigue hasta su casa. Allí, se lo llevan a un sitio muy oscuro. Podría hacer un chiste, pero sería de un humor más negro que Bokassa.

De inmediato, más bien al día siguiente, porque para qué va una madre a comprobar cómo duerme plácidamente su hijo, tras regresar de un duro día de trabajo. Mejor esperar a la mañana siguiente... Total, que comienzan a buscarlo las autoridades, representada por el típico sheriff cansado de la vida que se emborracha en su casa-caravana, aunque lejos de la playa y sin perro que le haga compañía. Eso sí, tiene un compañero negro. 

También buscan al crío su madre, su hermano adolescente y el grupo de amigos, que al día siguiente acuden al bosque donde se ha encontrado la bici de Billy abandonada. Allí se encuentran con Eleven, una chica con el pelo rapado que no habla del trauma que le produce estar en la edad del pavo y tener poderes mentales como la telequinesis, la visión remota, hervir agua, reparar electrodomésticos y contactar con "el otro lado", una dimensión a la que la chica abrió una puerta durante uno de los muchos experimentos que el malvado gobierno hacía con ella, dejando salir al monstruo que secuestró a Billy y a todo el que pasa por aquel bosque.

A la usanza de una serie española, existe una trama de adultos, otra de adolescentes y otra de niños. Al contrario que las series españolas, no da vergüenza ajena, quizá porque se trata de forma superficial, apenas los minutos suficientes para engordar la trama principal de la búsqueda, que quizá no hubiera dado para 8 capítulos, que son los que componen la primera ¿y única? temporada.

Debido al tremendo éxito cosechado, se ha empezado a hablar de una continuación. Si hacen algo estilo American Horror Story, en la que cada temporada cuentan una historia, seguramente estemos ante el heredero moderno de "La dimensión desconocida", de lo contrario, mucho tendrían que romperse la cabeza escribiendo el guión para que no nos encontremos ante un sonoro fracaso movido por la avaricia y el ansia por conseguir dinero. No sería la primera vez que ocurre.

Otro de los hechos incomprensibles que rodean la serie es la elevación a los altares actorales de Eleven, la chica con poderes. A mi juicio, muchísimo mejor lo hace el gordo con problemas bucales, prototípico de cualquier producción de los 80, en cuyas pandillas no podía faltar un gordo ni un negro. 

Como decía al principio, para mí la ambientación en los 80 y sus múltiples referencias son lo de menos. Lo que me ha llegado ha sido la historia de ese sheriff que no se detiene ante nada por encontrar al crío, espoleado por el recuerdo de la pérdida de su hija; la determinación de una madre por encontrar a su hijo, luchando contra todo y todos; la amistad entre los amigos de Billy; y por supuesto el trasfondo de experimentos secretos gubernamentales y otras dimensiones. Así pues, una serie totalmente recomendable para todos aquellos que quieran pasar un buen rato. 

Leo en otra crítica que debajo de la tonelada de referencias a los 80, nos encontramos una serie carente de discurso. ¿Pero acaso no fue eso la marca distintiva de aquella época? ¿Reivindicación vacía usando unos eslóganes aprendidos cinco minutos antes? Los 80 fueron la vacuidad de la vida, el disfrute por el disfrute, no el buscar el más mínimo fallo en el guión de una serie como si estuviéramos buscando fallos en el programa de control de un satélite.
 
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