Cada pocos años, una nueva generacion de seres humanos redescubre Friends y queda prendada de las correrías de Ross, Chandler, Joey, Mónica, Phoebe y Rachel. ¿Todas? ¡No!, la generacion más ridícula, sensible, débil mental y consentida de la historia, puso el grito en el cielo al encontrar una "all white", "all hetero" serie. En su mundo multicultural y multisexual, la unica uniformidad que toleran es la de su pensamiento fascista y reaccionario recubierto de una pátina pegajosa de progresismo del que solo toman el "morfema". ¿Tienen razón en criticar la serie? De la misma forma que un niño llora porque la vida no le ha obsequiado con una PlayStation en Navidad. Sin embargo, hay algo que sí que hay que comentar de la serie: de "Friends" solo tiene el nombre.
Descubrí esta sitcom americana en los mediodías de Canal Plus. Era una serie ligera, entretenida y tenía buenos chistes, apoyados por unos personajes muy definidos, rozando, si no abrazando, el cliché. Como si de los Power Ranger del East Side se tratara, estaban el inteligente, el ligón, el gracioso, la típica niña rica y la maniática ex-gorda, y de ahí al éxito. Todos en algún momento podíamos vernos reflejados en uno u otro personaje. Además, no se ajustaban del todo a estos papeles y se movían más allá de sus límites. Ejemplo paradigmático es un Joey que pasó de actor luchando por su futuro a tonto de América, un puesto que siempre está muy disputado.
Aunque no podía verla todos los días, el que se repusiera de nuevo una vez llegó a su final, me ayudó a completar los huecos. No se si por verla de una forma no lineal o por no tener mucho conocimiento del mundo y de la vida en general, pues por aquel entonces era un pimpollo en espera de florecer, no fui consciente de los actos despreciables que se sucedían capítulo tras capítulo. Y es que los amigos de Friends eran una auténtica gentuza. Ya no es que fueran malas personas con los demás, como cuando Chandler roba una tarta y, ganando un pastizal ni se digna a comprarle otra a la dueña o para sí mismo cuando se les cae al suelo, ya no es que se mintieran los unos a los otros en multitud de ocasiones, que de eso no se libra nadie, es que se hacen putadas que en una amistad del "mundo real" significaría el final inmediato de la misma, como cuando Phoebe tira los billetes de la lotería y se descubre que han perdido 10 000 dólares o como cuando Mónica llama a Mike para que Phoebe no se case con el científico de Minsk. Además, son maleducados con la gente, impertinentes, se burlan de los demás, actúan como pollos sin cabeza... los neoyorquinos típicos. Encima no se sabe muy bien qué les une después de tantos años más que la inercia de una vida sin muchos más objetivos que sobrevivir en las duras calles de Nueva York.
Otro aspecto deleznable o criticable es su visión capitalista-tradicionalista de la vida, como cuando Rachel deja a su asistente solo 5 años mayor porque no le cuadran las cuentas en su plan vital, el cual puede haber descarrillado de todas formas por la pandemia o el 11S que estaba a punto de ocurrir, o como cuando Mónica le dice a Richard que por haberse acostado solo con dos mujeres todavía le quedan muchas juergas que correrse. ¿Con cuántas mujeres tienes que liarte antes de poder sentar la cabeza? Deshumaniza al individuo y lo coloca en la carrera de ratas del capitalismo, una lucha por conseguir unas metas predeterminadas que puede que nada tengan que ver con tus deseos. Esto es lo que hay que criticar, no que aparezcan pocos negros, aunque tampoco, porque si solo queremos comedias de gente que lo hace todo bien y que son unos santurrones, lo único que sobrevivirá será la producción audiovisual de Emilio Aragón. Y es por esto que vamos a la ruina moral más absoluta. Las prioridades han cambiado. Ser mala persona no importa siempre que lo seas con todas las razas y elecciones sexuales posibles.
Friends - serie completa
La extraordinaria playlist de Zoey - Serie completa
Una chica va a hacerse un TAC al hospital. En mitad de la prueba, hay un terremoto y consigue el superpoder de escuchar los sentimientos de determinadas personas a través de las canciones que le cantan, con sus correspondientes coloridas coreografías.
Para dejar de escucharlas, Zoey deberá ayudar a los "cantantes" con sus problemas. Nos encontramos ante la típica serie procedimental de solución de problemas al estilo de "Edición anterior" o "Quantum leap", pero adaptada al siglo XXI, esto es: solo tiene 12 capítulos, posiblemente una única temporada, la protagonista es una joven programadora que trabaja en una empresa tecnológica con un ambiente de trabajo colorido en el que pasan mas tiempo comiendo y cotilleando que trabajando, y ademas hay una trama amorosa alrededor de ella con gran peso en la historia. De hecho, lo de las canciones es un Mcguffin, como en muchas series de este tipo, para contarnos la típica historia de chica le gusta el macizo de la oficina pero su amigo tierno y adorable bebe los vientos por ella.
A propósito de las canciones, describen a la perfección el estado actual de la música: muerta. Una abrumadora mayoría de las que son interpretadas tienen al menos cinco años. Y no será porque busquen un publico maduro, la elección de los protagonistas deja claro que su objetivo son los jóvenes modernos que reducen el mundo a su sexualidad, lo que ocurre es que es imposible sacar una frase con sentido de una canción actual A ver, que siempre ha habido canciones chorras, con letras absurdas y simplonas, hasta Los Beatles tienen varias, pero no era la tónica general. Por eso, es totalmente deprimente comprobar que una de las artes ya no tiene recorrido comercial, si es que hay otras que sí.
La serie no tiene mucho más y para mí, la alargan demasiado. Te la puedes tomar de varias maneras: como un musical ligero, como una historia de amor trillada o como un drama familiar porque se le está muriendo al padre y tiene una cuñada china, siendo la parte musical la más potente. Ah, y no voy a hablar de la parte de la oficina y de cómo retrata a las empresas tecnológicas porque es de chiste, con un CEO que es un remedo entre Napoleón Dynamite y Mark Zuckerberg, una plantilla ridícula y dos meses que se tiran para programar un puto calendario. ¡Dos meses! ¡Y les da problemas! ¡Dos meses! ¡Un calendario!
La serie está en HBO y me acabo de enterar de que la han renovado por una segunda temporada. Paso de cambiar lo que he escrito antes. Ya se sabe, si tiene éxito, hay que estirar el chicle.





